Para mí todos los clásicos son de mucha emotividad, ya que hay de dos opciones: que salga después del término del partido con una gran sonrisa que me alegra por días o con un genio que nadie me aguanta. Este partido en el torneo del clausura del 2005 en el Estadio Azteca con un marcador igualatorio de 3-3, fue emocionante y de los cuales te dejan satisfecha por el patidazo que dieron, como debe de ser.